"El Santo, que va a nacer, se llamará Hijo de Dios" 

Padre Juan José Palomino del Alamo

 

Lc 1, 26-38

Es el Espíritu de Dios el que ocupa el centro de la narración de la Encarnación del Verbo. Así lo asume
Lucas en el evangelio, que leemos hoy. El poder de Dios (Jesús encarnado) se va a manifestar no en los
esquemas de poder humano, sino todo lo contrario: Dios queda pendiente de la voluntad y de los labios 
de una mujer, de una joven, de una campesina, de un ser que no cuenta como fuerza de decisión y de
gobierno en aquel esquema social.
Sin embargo, esta muchacha campesina cuenta en el esquema de Dios, porque su fuerza no está tanto 
en ella, como en el Espíritu que la acompañará, porque ella ha creído en El.
"El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra"... Así se resume 
el papel de Dios en la Historia del Nuevo Testamento: es el mismo Dios quien quiere llevar la iniciativa, 
para que la historia humana no caiga en la debilidad de la carne y la sangre, es decir, de los intereses 
de personas y grupos. Jesús no puede manipular a Dios con intereses de coronas o dinastías como 
ocurrió en el Antiguo Testamento.
Por eso, el Nuevo Testamento y, por consiguiente la Iglesia, debe abandonar los sueños de poder, 
dominio y riqueza... En vano nuestras Iglesias se quedan esperando aprobación de Dios para sus 
proyectos de poder.
La única y verdadera fuerza de la Iglesia es y será siempre el Espíritu.
Muy cerca ya de Navidad, nuestro corazón debe "recogerse", recuperarse de la dispersión en la que la 
vida moderna nos fuerza a vivir, para "saborear", desde dentro, con una "paz intensa y degustada", el 
misterio, que se avecina, imperceptible y humilde: Dios mismo, a quien, desde este pequeño ángulo de 
la Humanidad, que es el cristianismo histórico, percibimos en total unión con el género humano. La
divinidad, que adoran todas las religiones, la hemos sentido nosotros tan identificada con nuestra 
Humanidad, que la hemos descubierto en el Niño del pesebre de Belén.
Que como María, la doncella de Nazaret, demos un "SÍ" a Dios para que permita que se realice, en 
nosotros también, el misterio inefable de la Navidad.

Fuente: avmradio.org